martes, 2 de diciembre de 2014

Dante Vargas y su enseñanza de Vida


Hay muchas formas de llegar a ser líderes, emprendedores, personas bondadosas, entregadas y llenas de confianza dentro de una comunidad. También hay muchas maneras de aprender, y una de las más valiosas es a través de aquellos maestros que dedican su vida a enseñar con pasión. Conocer a nuestros profesores es una experiencia maravillosa, pero lo es aún más cuando ellos entregan todo su ser a sus alumnos, a sus discípulos.

Somos nosotros, los estudiantes, quienes decidimos qué hacer con las enseñanzas que recibimos: si seguir adelante, cruzar fronteras y abrirnos camino o quedarnos inmóviles, atrapados en la cultura de la excusa. Al final, son pocos los maestros que dedican todo su tiempo y esfuerzo a sus estudiantes, que nos guían con confianza y nos enseñan a cómo enfrentarnos a los caminos de la vida, a sortear las curvas, a hacer los encuadres perfectos, a cambiar de rumbo cuando es necesario y a encontrar el equilibrio entre la humildad y la determinación.

Hablemos del maestro Dante Vargas, una de las personas a quienes más le debo en mi etapa escolar en la colorida Huabal. Con su humildad y el poco tiempo que pasaba en mi aula, en menos de un año me enseñó el significado de darlo todo por los estudiantes. El proyecto de periodismo escolar que impulsó fue una maravilla que nos abrió puertas hacia el éxito. No hay palabras suficientes para agradecer a aquellas personas que dejan huella en nuestro ser. La vida puede convertirse en una excusa cuando no hay alguien que nos guíe y nos motive a despertar al líder que llevamos dentro.

Dante Vargas impartía dos horas semanales de inglés y una de tutoría en mi aula. Aunque era poco tiempo, fue el maestro de quien más aprendí. Pero no solo me enseñó idiomas o materias académicas; aprendí de él la lucha, el triunfo, la perseverancia, la felicidad y la humildad. Me sentía seguro con sus enseñanzas, porque me mostró el verdadero valor de los principios humanos, la importancia del compromiso con el mundo y la entrega hacia quienes más lo necesitan.

Nosotros, sus estudiantes—Max, Reyner y yo—, comprendimos el significado del apoyo incondicional a nuestra institución. Al Salir de allí, mi corazón sintió un vacío, pero al mismo tiempo, experimenté la más intensa felicidad de haber aprendido la importancia de la lucha constante.

Hoy he logrado muchas cosas, pero el mayor logro ha sido valorar a mi maestro querido, a quien le envío mis más sinceras bendiciones por siempre.

Porque en la realidad, existen ídolos que conocemos en persona y que merecen nuestro reconocimiento. No esperemos al mañana para que sepan cuánto los admiramos.



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