
Hace unos meses tomé la decisión de escribirle un libro a la vida. Un libro que hable de ella, que respete la inmensa virtud y el privilegio de ser seres vivos. No encontré mejor razón para comenzar a teclear este proyecto que titulé: “Una revolución para la vida”. Siempre me he dedicado a escribir cuentos y pequeñas obras, pero esta vez me he propuesto un reto mayor: escribir algo que nos llame la atención a todos, algo que nos conecte con lo más esencial: la VIDA.
Soy una persona quizás muy atrasada en ciertos aspectos, porque sé muy poco de filosofía. Pero al menos pienso, y eso me hace feliz. Siento, vivo, y pienso. Y eso, sin duda, me hace sentir vivo, con vida humana. Mi único mérito es ser como soy: flaco, bajo, un poco loco —como dicen mis amigos—, terco, firme, y profundamente seguidor de algo que llamo “Vida”. Tal vez no sea importante para muchos, pero para la vida, creo que sí lo soy. No soy un fenómeno, ni político, ni premio Nobel, ni parte de la farándula. Solo soy un amante de la vida que escribe con pasión, sabiendo que son pocos los que me leen. Pero esa es mi pasión: escribirle a la vida.
A mis pocos y cortos años, me importa mucho el mundo, la justicia social, la política (aunque cada vez menos), la destrucción del planeta, la falta de ideologías serias. Me preocupa que hayamos perdido el rumbo que lleva a un destino claro: la VIDA. Pienso en lo hermoso que es que exista el ser humano, y me alegra que casi el 90% de la historia del mundo esté hecha por él. Me enorgullece que el ser humano haya nacido para vivir, para transformar el mundo, para construir sociedad, crear familias, crecer, y hacer cosas maravillosas con su inteligencia. Porque, ¿cómo sería este mundo si el ser humano viviera en soledad?
Nunca en la historia el ser humano tuvo tanto como hoy: tecnologías por doquier, la posibilidad de socializar con personas de todo el planeta a través de redes digitales... El ser humano es testigo de su propia inteligencia. Todo es transformación. Jamás tuvimos tanto conocimiento, jamás fuimos tan inteligentes. Nunca, señores, el hombre tuvo tanto dinero, y no dejo de pensar en los millones que se gastan por segundo en el mundo. Nunca hubo tanta riqueza.
Pero aquí está el otro lado de la moneda: nunca el ser humano ha descuidado tanto la vida como lo hace hoy. Nunca le importaron tanto el dinero y las cosas materiales como ahora.
Pensemos con calma y reflexionemos: los padres casi no hablan con sus hijos; las cenas familiares ya no se comparten entre personas, sino entre pantallas. Lo digo sin excluirme, y por eso escribo esto.
¿Acaso no es cierto que la vida ha perdido su lugar? ¿No vale hoy menos del 50% de su verdadero valor? Gastamos millones en grandes obras, pero muy poco en rescatar la vida que se pierde. La vida es, hoy por hoy, lo mínimo para muchos. Mientras más dinero hay en el mundo, más crece la cantidad de personas pobres. Con lo que ya existe en el mundo, sería suficiente para acabar con el hambre infantil en África y la pobreza global... Pero al ser humano le importa poco la vida humana. Le importa poco lo que es en esencia: un ser humano.
Quien diga que no hay recursos para acabar con el hambre y la pobreza, es un sinvergüenza. No tiene cara para sostenerlo. ¿Y por qué existe entonces tanta necesidad? Porque la política mediocre de las clases poderosas solo piensa en intereses egoístas, en ser potencia, en tener más. Y por eso escribo este libro. Después de mucha investigación y reflexión, llegué a esta conclusión: vivir hoy es difícil.
Pero es difícil porque el propio ser humano lo ha hecho así. Me río de los políticos que hablan de la vida sin vergüenza, mientras entran en la política solo para llenarse los bolsillos. No me burlo, pero me causa gracia oírlos hablar de naturaleza, de transformación, sin saber que la política está hecha para servir, no para servirse de ella.
La política debería ser la toma de decisiones que favorecen a todos, no solo a unos pocos. Si beneficia a unos y perjudica a otros, entonces es una política que destruye la vida. Por eso propongo esta revolución humana: no con violencia, sino con pensamiento. Transformando nuestra inteligencia, apostando por la igualdad social desde los hechos. Aunque sea tarde, aún vale la pena intentarlo.
Mis padres me enseñaron que vivimos en un valle de lágrimas antes de llegar al paraíso. Pero yo creo que el paraíso es esta vida. O también puede ser nuestra condena. Esta es la vida que hay que luchar y pelear, para que sea mejor. Porque antes que la justicia, está el valor más importante de todos: la VIDA. Llévenlo siempre en la mente.
Si me preguntan qué es lo más elemental para cambiar el mundo, lo diré sin rodeos: la vida. Algo único. Algo que no se compra, ni siquiera con millones. Que alguien me diga si en el supermercado venden años de vida... Pídelos. Pide cinco años más. Jamás, señores. Jamás lo lograremos.
Yo nunca quise tener hijos porque soñaba con cambiar el mundo. Pero me di cuenta de algo: la vida es hermosa. Y escuchar a un niño llamarte “papá” es una de las cosas más maravillosas que existen. Muchos ya lo saben, pero a los jóvenes les digo: piensen en la vida como el tesoro que se les escapa de las manos.
No les digo que se casen ni tengan hijos. Les digo que disfruten de su vida. Que aprendan, que luchen cada día por ella. Que sean felices con lo que tienen. No juzguen a sus padres por no haberles dado un título o por su estatura, o por haber nacido negros o blancos. ¡VIVAN LA VIDA! Disfrútenla. Aunque haya enfermedades, aunque haya tristeza. Sonrían cada instante que la tienen.
Sé que algún día envejeceré, pero quiero que niños y jóvenes comprendan lo que significa vivir. Que la vida se nos escapa minuto a minuto, segundo a segundo. Y que hay que vivirla al máximo, sin peros, sin egoísmos. Amando, luchando, perdonando y, sobre todo, siendo felices. Porque la vida se va. Y hay que ser uno mismo el cambio que desea ver en el mundo. Hay que luchar minuto a minuto, darle sabor, contenido y riqueza espiritual. Porque, repito: no podemos ir al supermercado a comprar vida. No la dejes escapar.
La diferencia entre una vida y otra es que tú puedes darle una dirección. Y nadie más que tú puede ser el autor de tu camino. No eres un vegetal que vive porque nació. Has nacido para vivir, para construirte.
Quien no quiera transformar el ciclo de su vida, está negando su propósito. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Pero entre tanto, ¿qué hiciste? ¿Viviste? ¿Luchaste? ¿Soñaste? ¿Amaste? ¿Disfrutaste a quienes te rodeaban? ¿O fuiste solo un egoísta que no hizo nada, y ahora, viejo, teme morir sin haber sido feliz?
Recuerda: la filosofía de la vida es nacer para atrapar la felicidad.
Espero que algo de esto les sirva. Que tú y yo hayamos aprendido que es posible hacer una revolución en nuestra vida. Te reto a que vivas tu poesía, que te laves la cara del pasado y te levantes para luchar por tus sueños. Inspira a los que vienen detrás: a los niños, a los jóvenes. Dales un aliento de vida.
Compañeros, amigos, amigas que me leen: nada vale más que la vida. Luchen por la felicidad, porque ser feliz es darle sentido a la vida. Que nadie les robe ese tesoro. Y recuerden: no hay recetas para ser feliz, ni libros, ni fórmulas mágicas. Todo está en tu conciencia.
Mi consejo, en esta revolución por la vida, es: jóvenes, entréguense a la vida. Tal vez les cueste dolor, tropiezos, enfermedades y cosas horribles. Pero al final, estarán luchando por una esperanza llamada VIDA.
Que sea la vida misma la que nos moldee. Pero más aún: que seas tú quien se convierta en alguien importante para la vida. Tú debes darle sentido a tu existencia. Y como decía Antonio Machado:
“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.
Amásenlo en su corazón. Denle vida. Sean felices. Y luchen por vivir.
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