miércoles, 30 de julio de 2025

"Alfredo es una de las voces poéticas emergentes que más me ha impresionado, tanto por la fuerza de su obra como por la calidad humana que transmite. Me enorgullece profundamente ver todo lo que está logrando, y es un verdadero honor tenerlo como parte de nuestra casa editora."

Stanley Vega – Editor de Prometeo desencadenado.

La escritura de Alfredo Fernández es una manifestación de pensamiento vivo, transformado en palabra con profundidad y propósito. Su obra representa un acto de fe, esperanza y amor, que se alza contra la ignorancia y apuesta por la construcción de ideas propias. Alfredo no solo escribe: piensa, siente y humaniza, en un tiempo donde la palabra —más necesaria que nunca— debe tender puentes y dar sentido. Su talento literario, aún en crecimiento, ya deja ver una voz comprometida con la cultura, los valores y el impulso de una juventud que necesita ser escuchada. Apoyar a autores como él no es solo celebrar la literatura, sino apostar por un futuro más humano.

Dante Vargas – Poeta y Escritor Lambayecano

“Alfredo Fernández es una voz poética que se adentra en las profundidades del yo fragmentado, explorando con sensibilidad y lucidez las dualidades de la identidad. Su poesía no busca consolar, sino confrontar, con una fuerza serena que conmueve sin recurrir al sentimentalismo”

Marco Humberto Sifuentes – Reseñista Literario (Sociologo)

"Aquí estoy de nuevo. Solos: la letra, una hoja y yo." Así se presenta Alfredo Fernández, alba de trapiches y cafetales, joven poeta de Callayuc que recorre con autenticidad los senderos de la poesía. Me llena de orgullo ver que la tradición poética cajamarquina continúa en manos nuevas, sensibles y comprometidas. Eso, sin duda, es motivo de profunda alegría.

Juan Oblitas Carrero – Poeta y Promotor Cultural Cutervino

Recuerdo con profunda nostalgia a Alfredo y sus conmovedoras reflexiones. Son memorias hermosas, especialmente aquellos momentos compartidos junto al maestro Dante en Huabal. Solo me queda una añoranza eterna. Fuiste uno de mis mejores alumnos —y que me perdonen los demás—, pero es por personas como tú que la humanidad aún puede permitirse soñar en grande.

Dianira Idrogo – Docente de Comunicación

Leí un par de poemas de Alfredo y me sentí profundamente fascinado. Mi querido amigo, gracias por acordarte del Perfecto, por recordar con gratitud la labor del maestro-pueblo. Eso es memoria viva, nostalgia sentida. Desde lo más profundo de mi corazón, te deseo prosperidad en las letras. Sé que llegarás mucho más lejos de lo que imaginas, porque el talento ya lo tienes.

Segundo Pérez – Docente

Perfectas palabras, mi buen amigo. Demuestran la madurez de tus ideas y la nobleza de tu espíritu. Perdona si alguna vez no supe valorar tu amistad como merecías. ¡Grande eres, Alfredo!

Raúl Sánchez – Docente

Hay algo profundamente valioso llamado gratitud, y no todos la cultivamos como deberíamos. Gratitud hacia quienes caminaron a nuestro lado para educarnos: nuestros maestros. Gracias, Alfredo, por la consideración que reflejas en tus líneas hacia ellos. Que Dios te bendiga siempre.

Anali Zabala – Docente y Comunicadora

Un poeta sabio escribe aquello que respira, ve y siente: la vida misma convertida en palabra; Grande Alfredo.

Manuel Oscar Toro – Docente

Lo que arde en el corazón, lo que el alma grita, lo que los sueños tienen por decir… que se diga, que se escriba. Mientras lo que hagas lo hagas con amor, mientras te desangres en palabras sin rendirte, sin morir, bienvenido seas, Alfredo, al mundo de las letras.

Nico Vigo – Escritor, conferencista, filosofo

 

Alfredo Fernández, joven poeta cutervino del distrito de Callayuc, irrumpe en la escena literaria con una voz íntima y melancólica. En su primer poemario, Mi otro yo, revela una sensibilidad que transita del desencanto y la desesperanza al amor y la plenitud. Su poesía, marcada por un yo lírico intenso y emocional, deja entrever una madurez en gestación y una promesa firme dentro del panorama poético contemporáneo.

Dandy Berrú – Poeta y escritor Lambayecano

El poeta Alfredo Fernández es la voz de aquellos adolescentes que no se atreven a decir en voz alta lo que piensan y sueñan. Su poesía nos promete mucho: es auténtica, necesaria y profundamente humana. Es, sin duda, un autor al que verdaderamente les invitaría a leer. Porque su voz es justo lo que la juventud necesita, y tal vez también lo que la humanidad ha estado esperando.

Andrés Días Núñez – Poeta y Escritor Catedrático de la Universidad Pedro Ruiz Gallo

Alfredo Fernández se destaca como una de las voces más prometedoras del panorama literario cajamarquino. Es la voz de una humanidad que grita por dentro, pero no siempre se atreve a hablar. A través de la poesía, nos recuerda que aún es posible soñar con una sociedad más humana, construida y reconstruida desde la sensibilidad de los adolescentes y jóvenes con ganas de transformar el mundo. Su obra no solo conmueve: inspira. Inspira a otros jóvenes a atreverse, a vivir la aventura de la poesía —el arte más bella y profunda, aunque la menos comercial—, y precisamente por eso, la que más nos toca el alma.

Editorial de Radio Ilucan- Cutervo

Quienes te conocemos nos sentimos profundamente orgullosos al verte crecer, porque lo que muchos leen es apenas una pequeña muestra de lo que eres como poeta. Pero pocos hablan de lo humano, lo soñador, lo valiente que eres ante la vida. De verdad, Alfredo, eres una de las personas que más admiro: como profesional, como poeta, narrador, ensayista... y, sobre todo, como ser humano. Siento, hermano mío, que el mundo literario ha ganado no solo a un autor brillante en todo el sentido de la palabra, sino también a una persona excepcional.

Thalia Tineo sanchez – Politologa – Escritora y Docente

Te conozco desde que eras muy adolescente, y siempre supe lo genial, grande e increíble que eras. Ver cuánto ha madurado tu poesía es algo que no tiene nombre ni definición. Querido Alfredo, me da una alegría inmensa saber que hoy te leo con la misma emoción con la que siempre creí en ti. Siempre te tuve una fe profunda, y verte cumplirla con tanta fuerza y belleza es, simplemente, conmovedor.

Lady Díaz – Docente

Alfredo Fernández es una voz joven y potente que transforma la experiencia vivida en poesía profunda y auténtica. Su escritura revela sensibilidad, madurez y una firme convicción por rescatar el valor de la palabra en una época dominada por el ruido. Es un autor que no solo escribe, sino que inspira a otros a leer, crear y alzar la voz desde la literatura.

Nacor Centurión – Escritor y Comunicador

 

Callayuc nos ha bendecido con grandes poetas como Panchito Samamé y Absalón Rojas. Hoy, la poesía sigue en excelentes manos. Alfredo Fernández es un talento innato; desde muy niño ya se reconocía en él ese afán poético y literario que hoy florece con fuerza. Y eso, sin duda, es algo grande.

Romel Avellaneda – Poeta y Docente Cutervino

 

Alfredo Fernández Valdivia es una joven promesa de las letras cajamarquinas, cuya sensibilidad y entrega han marcado su camino desde la adolescencia. Con una voz introspectiva y lírica, expresa vivencias profundas que conectan con el lector. Su primer poemario, Mi otro yo, confirma su vocación literaria y lo posiciona como una de las voces emergentes más genuinas del panorama regional.

Diario La Industria de Chiclayo 

martes, 29 de julio de 2025

Un viaje, un destino, una vida


Hace algunos años escribí un fragmento de mis memorias —o algo parecido a un diario— sobre mi patriotismo y el profundo cariño que siento por mi patria: el Perú. En ese texto, pedía que esta tierra no cambie, que yo mismo me forme y trabaje para ser el cambio que tanto necesita nuestro país. Aunque en más de una ocasión me propusieron incursionar en la política, jamás me atreví siquiera a considerarlo seriamente. El sistema está contaminado, y yo no me siento preparado para nadar contra la corriente. Me formaron para algo distinto: me educaron en principios y valores. A pesar de todas las carencias que atravesamos en casa, nunca nos faltó algo esencial: la honestidad.

Jamás imaginé querer dejar mi país. Siempre soñé con estudiar en el extranjero, pero volver. Esos eran anhelos de niño, de adolescente tal vez. Ahora, con familia y cierta estabilidad, ni siquiera lo he intentado. Mis padres están aquí, tengo un empleo estable, estoy iniciando mi camino literario tras publicar una de mis producciones poéticas, y estoy por concluir la carrera de diseño gráfico. Me incliné por el ámbito laboral, pero... ¿qué más me falta para sentirme plenamente feliz?

Empezar en el mundo literario ha sido una de mis mayores pasiones. Desde los doce o trece años, comencé a publicar en la página escolar del diario La Industria de Chiclayo. La fotografía y el diseño son otras pasiones, aunque las practico más como pasatiempos. También he hecho locución y animación de eventos, aunque nunca fue mi fuerte; lo hice por trabajo, no por vocación.

La vida no ha sido sencilla, incluso con ciertos logros. Hace poco he comenzado a sentirme mejor, tras atravesar meses difíciles, llenos de congoja y momentos de fragilidad emocional. Entonces, me pregunto: ¿qué me falta para ser feliz? Hay algo que ni siquiera imaginaba y que quizá sea la pieza que me completa. Nunca me he sentido exitoso, siempre he sido muy exigente conmigo mismo: estudio, trabajo, y me entrego con esmero a cada meta que me propongo.

Últimamente, he buscado respuestas a tantas preguntas que me hago. ¿Podría irme a otro país? ¿Estudiar otra carrera, un posgrado, algo más?

Sin pensarlo, sin planearlo, estoy por cumplir algo que un día soñé. Estoy cerca, y aunque aún con dudas, creo que lo lograré. Hay algunos trámites y requisitos pendientes, pero lo estoy considerando seriamente. Aún me embargan muchas interrogantes... Mis padres, mi hija, mis amigos, todo lo que he construido aquí… Pero también está el sueño de una vida distinta, en un lugar donde valoren lo que hago, donde pueda dedicarme a escribir.

No dejo de pensar en los desafíos que enfrentan los migrantes, en las dificultades, en cómo sería el "después de". Leía hace poco a mi escritor favorito, Renato Cisneros, quien contaba que se fue a España casi de la nada, acompañando a su esposa, y que allá ha construido una vida. Escribe, publica novelas, colabora con medios y es muy reconocido. Pero yo no soy él. No tengo una carrera consolidada en el periodismo, ni alguien que me respalde si fracaso. No tengo un nombre ganado. Solo he publicado algunas cosas locas y espontáneas desde el colegio. Aunque sigo escribiendo, no me considero escritor, apenas alguien que intenta desangrarse en unas cuantas líneas.

Aun así, quisiera vislumbrar mi futuro y dedicarme a lo que siempre soñé: estudiar Letras, Filosofía, o algo por el estilo.

Ni siquiera he renovado mi pasaporte, y ya siento nostalgia por mi país, mis amigos, mi mundo, mi pequeño rincón. Afortunadamente, aún tengo más de medio año para decidir. Ver si puedo, si quiero, si logro ordenar mi vida y estabilizarme emocionalmente. Porque a veces soy impulsivo, un loco que toma decisiones apresuradas.

Hoy, en Fiestas Patrias, escribo esto y me pregunto: ¿lo lograré?, ¿me atreveré?, ¿postergaré mi viaje por miedo o por resistencia al cambio? No lo sé. Solo espero que se cumpla lo que Dios tenga preparado para mí. Yo solo deseo ser instrumento de lo que la vida me depare... incluso si eso ocurre lejos, en esa tierra aún desconocida que ya empiezo a soñar.

lunes, 28 de abril de 2025

La importancia de las bibliotecas escolares: guardianas del saber y forjadoras de futuro

 

Las bibliotecas escolares han sido, históricamente, pilares fundamentales en la formación de estudiantes críticos, creativos y autónomos. Más allá de ser meros depósitos de libros, constituyen espacios vivos donde se cultiva el amor por la lectura, se impulsa el aprendizaje independiente y se fortalece el pensamiento crítico. La UNESCO ha subrayado que "la biblioteca escolar proporciona información e ideas fundamentales para funcionar con éxito en la sociedad actual basada en la información y el conocimiento" (UNESCO, Manifiesto de la Biblioteca Escolar, 1999). De este modo, su papel no se limita a apoyar el currículo escolar, sino que abarca también el desarrollo integral del estudiante. Según la Asociación Internacional de Bibliotecarios Escolares (IASL), los estudiantes que tienen acceso regular a bibliotecas escolares bien dotadas y dirigidas por profesionales formados "alcanzan mejores niveles de alfabetización, éxito académico y habilidades para la vida" (IASL, 2003). Estos espacios promueven no solo la alfabetización tradicional, sino también la alfabetización informacional, competencia clave en un mundo saturado de datos.

Grandes pensadores han reconocido la capacidad de los libros y las bibliotecas para moldear la mente y el espíritu. Jorge Luis Borges, un apasionado defensor de las bibliotecas, afirmó: "Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Borges capturó en esta imagen la esencia de la biblioteca como lugar de encuentro entre el conocimiento y el misterio, entre la razón y la imaginación. No es casual que estudios como el de Krashen (2004) evidencien que "el acceso libre y frecuente a libros de interés personal es uno de los factores más significativos para el desarrollo de la competencia lectora en jóvenes."

En contextos de desigualdad social, las bibliotecas escolares se convierten en puertas abiertas al mundo. El investigador Keith Curry Lance (2010) mostró que en comunidades con menores recursos, las bibliotecas escolares bien gestionadas tienen un impacto aún mayor en el rendimiento académico de los estudiantes. Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura, expresó en su ensayo La civilización del espectáculo: "Una sociedad sin acceso libre a los libros y a la cultura escrita es una sociedad condenada a la pobreza intelectual." Así, garantizar el fortalecimiento de las bibliotecas escolares es apostar no solo por la educación individual, sino también por la justicia social y el desarrollo colectivo.

A pesar de su importancia comprobada, en muchos países las bibliotecas escolares enfrentan desafíos como la falta de financiamiento, escasez de personal especializado y ausencia de actualización tecnológica. Investigadores como Todd y Kuhlthau (2005) recalcan que "para que una biblioteca escolar sea efectiva, no basta con existir: debe estar integrada al proyecto educativo institucional, ser dinámica, innovadora y accesible." El futuro exige que las bibliotecas escolares evolucionen en espacios híbridos, donde el acceso a recursos digitales complemente y potencie la experiencia de lectura tradicional.

Invertir en bibliotecas escolares es invertir en ciudadanos más cultos, críticos y preparados para los desafíos del siglo XXI. Como sostuvo Ray Bradbury: "Sin bibliotecas, ¿qué tenemos? Ni pasado ni futuro." En el silencio fecundo de las bibliotecas escolares germinan las semillas de una humanidad más sabia, libre y esperanzada.


domingo, 6 de septiembre de 2020

Sector el Campo Fue Oscar Toro

 Por: Alfredo Fernández

Hay maestros que marcan la vida de un estudiante; otros, la de algunos; y hay quienes dejan huella en todos

Hace unos días me enteré de que uno de los más grandes amigos y referentes en mi vida, mi querido maestro Don Manuel Oscar Toro Segura —mi tío—, se retiró. No pude estar presente en el último aniversario que presidió como director y maestro. Cuánto hubiese querido estar allí para decirle estas palabras; pero aquí estoy, escribiéndolas para mi blog, con la esperanza de que llegue a leerlas.

Puse como título “El Sector El Campo fue Oscar Toro”, recordando mis dos años de paso por aquella gloriosa institución que me cobijó. Mi experiencia allí se resume en muchos maestros, sí, pero sin duda hubo uno que marcó mi etapa como estudiante. Un maestro que confió en mí y me regaló más que su confianza: su amistad.

El tío Oscar, como yo lo llamaba, era uno de esos maestros entrañables. Siempre escuchaba a mis compañeros decir que era el mejor, el más carismático. Esa impresión parece ser compartida por casi todos sus exalumnos, quienes lo recordamos con un profundo cariño.

Los años han pasado y aún lo recuerdo con claridad: sus sermones durante las clases, sus largas y apasionadas interpretaciones de las obras literarias, y cómo siempre me preguntaba si realmente las había leído. Qué grandes momentos… Las lágrimas se me escapan al evocarlos.

Mientras escribo esto, me viene a la mente una frase de Albert Einstein:

“El arte supremo del maestro consiste en despertar el goce de la expresión creativa y del conocimiento.”


Sin duda, no pudo haber elegido mejor vocación que la de ser maestro. Lo llevaba en la sangre, con un temple admirable y una paciencia pocas veces vista. Nunca lo veíamos molesto. Siempre que había algo que resolver, nos recordaba que el diálogo era la mejor arma. Su vocación por servir y educar con amor a cada alumno es, sencillamente, impresionante.

Tío, te he echado de menos desde que salí de esas benditas aulas. Nunca tuve el valor de decirte gracias por tu cariño, tu paciencia, por hacer de esta carrera un verdadero estilo de vida. Nunca olvidaré aquella vez que te visité en tu oficina y me dijiste:

“Eras inteligente, pero un poco irresponsable.”
¡Cuánto quisiera volver en el tiempo y demostrarte que esa inteligencia que tú veías en mí no estaba perdida! La frase de Einstein encaja perfectamente con tu trayectoria: despertaste muchas vocaciones, y siempre lo hiciste con alegría, creatividad y profundo conocimiento.

Recuerdo con cariño nuestras charlas sobre literatura. Eran momentos mágicos. De verdad, maestro: gracias. Y tenía razón Henri Adams cuando dijo:

“El maestro deja una huella para la eternidad; nunca puede decir cuándo se detiene su influencia.”
Esa huella está en cada uno de nosotros, en quienes alguna vez te hicimos renegar, en quienes aprendimos más de lo que imaginábamos contigo. Esa huella nunca se detiene; sigue guiando nuestros pasos.

No solo ha sido admirado en la comunidad estudiantil, sino también ha sido un ejemplo de ciudadano. Gracias por ser una gran persona, un maestro excepcional, un profesional admirable. Su labor y dedicación por mejorar la vida de tantos jóvenes ha sido verdaderamente inspiradora. Siempre vivirá en el corazón de quienes le debemos tanto al noble maestro, padre y amigo que tuvimos en nuestras aulas.

Fue un privilegio haber sido su alumno.
Le quiero mucho.
Espero que disfrute de su hermosa familia.





viernes, 17 de abril de 2020

Una Realidad, que es más peligroso que este Virus.

Por Alfredo Fernández

Si algo debemos aprender de esta pandemia, es a ser mejores personas, mejores autoridades, y mejores ciudadanos.

Han pasado ya más de cien días desde el descubrimiento de esta molécula que, al convertirse en un virus letal, cambió por completo al mundo. En el Perú, llevamos más de un mes en estado de emergencia, sin saber con certeza qué nos depara el futuro. En este tiempo, hemos descubierto una infinidad de cosas: algunas dignas de aplaudir, otras que solo merecen nuestro más profundo rechazo.

Nos dimos cuenta de que en el mundo existen mandatarios a quienes solo les importa la economía, no la vida de sus ciudadanos. Escuché en las noticias a un gobernador estadounidense decir que los ancianos deberían sacrificarse por la economía de sus países. Increíble, pero cierto.

Cuando el virus llegó a nuestro país, vimos con mayor claridad esa realidad que veníamos gritando desde hace años, pero a la que, por apatía o resignación, nos habíamos vuelto cómplices: un sistema educativo por los suelos y un sistema de salud colapsado desde hace tiempo. Sabíamos que los maestros estaban mal pagados, que el sistema educativo era un laboratorio constante de experimentos pedagógicos sin rumbo claro. Sabíamos que los hospitales estaban en ruinas, que nuestro personal de salud había sido abandonado por décadas, y que los gobiernos de turno siempre les dieron la espalda.

También hemos confirmado que vivimos en una de las eras más absurdas de la humanidad, donde las redes sociales sirven tanto para criticar como para aplaudir, donde todos se convierten en expertos en política, salud pública, economía o ciencia… sin tener bases reales. Muchos critican, otros aplauden las decisiones de los gobernantes, pero la mayoría desconfía. Y es que ya no creemos en ellos: nunca se ganaron nuestra confianza.

Hay tanta gente en las calles, desobedeciendo las disposiciones sanitarias como el distanciamiento social o el uso de mascarillas, no solo por irresponsabilidad, sino porque no creen en sus autoridades. Tampoco creemos en la prensa tradicional, que durante años fue cómplice de los gobiernos. Los medios sociales saturan de información y ya no sabemos en quién confiar. Nos dicen que escuchemos a las fuentes oficiales, pero ¿cómo hacerlo si esas fuentes han fallado una y otra vez?

Mientras los días pasan y la incertidumbre crece, solo nos queda aferrarnos a nuestras autoridades, aunque sus acciones no siempre sean las mejores. No hay alternativa. Incluso Trump, a pesar de sus desaciertos, logró un récord de popularidad gracias a su populismo. Ya estamos acá, en plena cuarentena, con cifras en aumento, con el dolor de más de cien mil vidas perdidas, y con una población que, en gran parte, no toma conciencia.

Muchos ignoran la emergencia: jóvenes tomando el sol, organizando fiestas, figuras públicas justificando reuniones sociales como si fueran triviales. Qué contraste con aquellos que, sin nada para comer, respetan las medidas desde sus hogares. Algunos reciben sueldos jugosos sin mover un dedo; otros salen porque el hambre los obliga. Una señora, al ser cuestionada por salir a la calle, respondió: “Prefiero morir por el virus que de hambre”. Y tenía razón. Hay quienes salen a reciclar, a vender caramelos en los buses, a buscar cualquier forma de sobrevivir. No tienen AFP, ni CTS, ni seguros, y muchos ni siquiera cuentan con DNI. Para el Estado, simplemente no existen.

También hemos visto cómo algunos quieren que termine la cuarentena solo para volver a comer en el chifa o la pollería, mientras otros solo quieren un plato de comida para no morir de hambre. No pueden lavarse las manos porque no tienen agua, no descargan su frustración en redes sociales porque no tienen internet, y no siguen las reglas porque no tienen con qué sobrevivir.

Hemos reafirmado que muchos políticos solo piensan en ellos mismos, en inflar sus egos y robar hasta el último centavo. Compras sobrevaloradas, leyes que no protegen a los trabajadores, AFPs que lucran a costa del sacrificio de los peruanos, con eslóganes falsos sobre un futuro feliz. Todo ha sido un engaño.

El bono de 380 soles reveló cómo las Unidades Locales de Empadronamiento (ULE) empadronan a conveniencia. El Estado ha gastado millones en censos que no reflejan la realidad. Y con las canastas vimos lo peor de la política local: alcaldes que no ejecutan el presupuesto, que se llevan las donaciones a casa, que compran productos sobrevalorados o solo benefician a quienes los apoyaron en campaña. Lo más indignante: un alcalde compró conservas y leche vencidas, y hasta mezcló piedras con lentejas para aumentar el peso. Jamás pensé en la pena de muerte… hasta leer esa noticia.

Esta es nuestra realidad. Una realidad dolorosa. Hoy, vemos un éxodo de personas regresando a sus pueblos, aquellos que migraron a las ciudades buscando un futuro mejor, y que hoy, simplemente, no pueden sobrevivir. Las autoridades regionales están divididas entre el temor al contagio y el deber de ayudar a sus propios hijos. No pueden ser abandonados. Se necesita humanidad y acción.

Sí, es una triste realidad que nos ahoga. La pobreza nos ha venido matando lentamente, pero más peligrosa aún es la corrupción, que por siglos nos ha condenado al subdesarrollo, disfrazada de “progreso” bajo las reglas de un capitalismo que solo favorece a unos pocos.

Ojalá todo esto termine. Ojalá volvamos a abrazarnos y a soñar. Y que los políticos, por fin, miren la verdadera realidad. Yo seguiré creyendo que algún día un soñador, uno que vea con claridad y tenga la voluntad de transformar el país, llegará al poder. Ese líder depende de nosotros: de cómo lo formemos en nuestros hogares, nuestras escuelas, y de cómo la sociedad le enseñe a luchar con integridad. El cambio empieza ahí.


 

domingo, 20 de noviembre de 2016

UNA REVOLUCION HACIA LA FELICIDAD Y LA VIDA

Hace unos meses tomé la decisión de escribirle un libro a la vida. Un libro que hable de ella, que respete la inmensa virtud y el privilegio de ser seres vivos. No encontré mejor razón para comenzar a teclear este proyecto que titulé: “Una revolución para la vida”. Siempre me he dedicado a escribir cuentos y pequeñas obras, pero esta vez me he propuesto un reto mayor: escribir algo que nos llame la atención a todos, algo que nos conecte con lo más esencial: la VIDA.

Soy una persona quizás muy atrasada en ciertos aspectos, porque sé muy poco de filosofía. Pero al menos pienso, y eso me hace feliz. Siento, vivo, y pienso. Y eso, sin duda, me hace sentir vivo, con vida humana. Mi único mérito es ser como soy: flaco, bajo, un poco loco —como dicen mis amigos—, terco, firme, y profundamente seguidor de algo que llamo “Vida”. Tal vez no sea importante para muchos, pero para la vida, creo que sí lo soy. No soy un fenómeno, ni político, ni premio Nobel, ni parte de la farándula. Solo soy un amante de la vida que escribe con pasión, sabiendo que son pocos los que me leen. Pero esa es mi pasión: escribirle a la vida.

A mis pocos y cortos años, me importa mucho el mundo, la justicia social, la política (aunque cada vez menos), la destrucción del planeta, la falta de ideologías serias. Me preocupa que hayamos perdido el rumbo que lleva a un destino claro: la VIDA. Pienso en lo hermoso que es que exista el ser humano, y me alegra que casi el 90% de la historia del mundo esté hecha por él. Me enorgullece que el ser humano haya nacido para vivir, para transformar el mundo, para construir sociedad, crear familias, crecer, y hacer cosas maravillosas con su inteligencia. Porque, ¿cómo sería este mundo si el ser humano viviera en soledad?

Nunca en la historia el ser humano tuvo tanto como hoy: tecnologías por doquier, la posibilidad de socializar con personas de todo el planeta a través de redes digitales... El ser humano es testigo de su propia inteligencia. Todo es transformación. Jamás tuvimos tanto conocimiento, jamás fuimos tan inteligentes. Nunca, señores, el hombre tuvo tanto dinero, y no dejo de pensar en los millones que se gastan por segundo en el mundo. Nunca hubo tanta riqueza.

Pero aquí está el otro lado de la moneda: nunca el ser humano ha descuidado tanto la vida como lo hace hoy. Nunca le importaron tanto el dinero y las cosas materiales como ahora.

Pensemos con calma y reflexionemos: los padres casi no hablan con sus hijos; las cenas familiares ya no se comparten entre personas, sino entre pantallas. Lo digo sin excluirme, y por eso escribo esto.

¿Acaso no es cierto que la vida ha perdido su lugar? ¿No vale hoy menos del 50% de su verdadero valor? Gastamos millones en grandes obras, pero muy poco en rescatar la vida que se pierde. La vida es, hoy por hoy, lo mínimo para muchos. Mientras más dinero hay en el mundo, más crece la cantidad de personas pobres. Con lo que ya existe en el mundo, sería suficiente para acabar con el hambre infantil en África y la pobreza global... Pero al ser humano le importa poco la vida humana. Le importa poco lo que es en esencia: un ser humano.

Quien diga que no hay recursos para acabar con el hambre y la pobreza, es un sinvergüenza. No tiene cara para sostenerlo. ¿Y por qué existe entonces tanta necesidad? Porque la política mediocre de las clases poderosas solo piensa en intereses egoístas, en ser potencia, en tener más. Y por eso escribo este libro. Después de mucha investigación y reflexión, llegué a esta conclusión: vivir hoy es difícil.

Pero es difícil porque el propio ser humano lo ha hecho así. Me río de los políticos que hablan de la vida sin vergüenza, mientras entran en la política solo para llenarse los bolsillos. No me burlo, pero me causa gracia oírlos hablar de naturaleza, de transformación, sin saber que la política está hecha para servir, no para servirse de ella.

La política debería ser la toma de decisiones que favorecen a todos, no solo a unos pocos. Si beneficia a unos y perjudica a otros, entonces es una política que destruye la vida. Por eso propongo esta revolución humana: no con violencia, sino con pensamiento. Transformando nuestra inteligencia, apostando por la igualdad social desde los hechos. Aunque sea tarde, aún vale la pena intentarlo.

Mis padres me enseñaron que vivimos en un valle de lágrimas antes de llegar al paraíso. Pero yo creo que el paraíso es esta vida. O también puede ser nuestra condena. Esta es la vida que hay que luchar y pelear, para que sea mejor. Porque antes que la justicia, está el valor más importante de todos: la VIDA. Llévenlo siempre en la mente.

Si me preguntan qué es lo más elemental para cambiar el mundo, lo diré sin rodeos: la vida. Algo único. Algo que no se compra, ni siquiera con millones. Que alguien me diga si en el supermercado venden años de vida... Pídelos. Pide cinco años más. Jamás, señores. Jamás lo lograremos.

Yo nunca quise tener hijos porque soñaba con cambiar el mundo. Pero me di cuenta de algo: la vida es hermosa. Y escuchar a un niño llamarte “papá” es una de las cosas más maravillosas que existen. Muchos ya lo saben, pero a los jóvenes les digo: piensen en la vida como el tesoro que se les escapa de las manos.

No les digo que se casen ni tengan hijos. Les digo que disfruten de su vida. Que aprendan, que luchen cada día por ella. Que sean felices con lo que tienen. No juzguen a sus padres por no haberles dado un título o por su estatura, o por haber nacido negros o blancos. ¡VIVAN LA VIDA! Disfrútenla. Aunque haya enfermedades, aunque haya tristeza. Sonrían cada instante que la tienen.

Sé que algún día envejeceré, pero quiero que niños y jóvenes comprendan lo que significa vivir. Que la vida se nos escapa minuto a minuto, segundo a segundo. Y que hay que vivirla al máximo, sin peros, sin egoísmos. Amando, luchando, perdonando y, sobre todo, siendo felices. Porque la vida se va. Y hay que ser uno mismo el cambio que desea ver en el mundo. Hay que luchar minuto a minuto, darle sabor, contenido y riqueza espiritual. Porque, repito: no podemos ir al supermercado a comprar vida. No la dejes escapar.

La diferencia entre una vida y otra es que tú puedes darle una dirección. Y nadie más que tú puede ser el autor de tu camino. No eres un vegetal que vive porque nació. Has nacido para vivir, para construirte.

Quien no quiera transformar el ciclo de su vida, está negando su propósito. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Pero entre tanto, ¿qué hiciste? ¿Viviste? ¿Luchaste? ¿Soñaste? ¿Amaste? ¿Disfrutaste a quienes te rodeaban? ¿O fuiste solo un egoísta que no hizo nada, y ahora, viejo, teme morir sin haber sido feliz?

Recuerda: la filosofía de la vida es nacer para atrapar la felicidad.

Espero que algo de esto les sirva. Que tú y yo hayamos aprendido que es posible hacer una revolución en nuestra vida. Te reto a que vivas tu poesía, que te laves la cara del pasado y te levantes para luchar por tus sueños. Inspira a los que vienen detrás: a los niños, a los jóvenes. Dales un aliento de vida.

Compañeros, amigos, amigas que me leen: nada vale más que la vida. Luchen por la felicidad, porque ser feliz es darle sentido a la vida. Que nadie les robe ese tesoro. Y recuerden: no hay recetas para ser feliz, ni libros, ni fórmulas mágicas. Todo está en tu conciencia.

Mi consejo, en esta revolución por la vida, es: jóvenes, entréguense a la vida. Tal vez les cueste dolor, tropiezos, enfermedades y cosas horribles. Pero al final, estarán luchando por una esperanza llamada VIDA.

Que sea la vida misma la que nos moldee. Pero más aún: que seas tú quien se convierta en alguien importante para la vida. Tú debes darle sentido a tu existencia. Y como decía Antonio Machado:

“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

Amásenlo en su corazón. Denle vida. Sean felices. Y luchen por vivir.










viernes, 18 de noviembre de 2016

El Planeta tierra está en peligro de extinción

Hace mucho tiempo que no me dedico a escribir para mi blog, pero esta vez me anime a teclear algunas líneas, no hay más grande razón que sea para dedicarle al hombre, aquel hombre que siempre está interesado en escuchar las tendencias en las redes sociales y que sé que no se va a dedicar a ponerle unos minutos a leer lo que aquí como loco escribo, pero sé que tú que lo estás haciendo eres el único, ojala mañana cuando despierte pueda ver un comentario tuyo debajo o que el marcador de visitas este aumentando y que este relato sea el más leído de todo lo que escribo.

Foto: Ronal Mejia Alcantara
La razón es muy simple, muchos me conocerán, pero otros no; vivo en un pueblito serrano de Cajamarca, llamado Cutervo, en unas campiñas de un distrito llamado Callayuc; no soy tan conocido pero mi amor por la naturaleza va mucho más de lo que imaginan, no soy uno de los que dicen ser ecologistas, tampoco lo soy; así de simple soy amante de la belleza natural y sus encantos de colores; el verde es mi color preferido por la belleza de los árboles.

En mi lugar donde vivo, existe un lugar natural protegido por el estado, se denomina Parque nacional de Cutervo desde 1961 y siendo así el área protegida más antigua del Perú, abarcando una área de 8214.21 hectáreas, todo es belleza, desde lejos se ve una infinidad de árboles entre ellos la palma de cera, el verdor resplandece y así cobija a centenas de especies tanto  vegetales como animales, entre ellos tenemos el oso de anteojos, tapir de montaña y guácharos, además del bello y admirado pilco, etc.

Muchos dirán que estoy haciendo algo de historia, pero la razón es tan simple para que entiendas a que quiero llegar; Imagínate que significa este recurso para nosotros los cutervinos,  los amantes de la cultura y la naturaleza, imagínate cuanto turismo acoge esta parte del Perú, quizá no estemos entre los estándares del país pero si quizás de la provincia y la región, y en naturaleza es la única de la región con tanta riqueza natural.

No me imagino como seria antes cuando el Doctor Salomón Vílchez Murga al gestionar la ley de protección de dicho lugar ecológico, tan solo me hago ideas que era toda una alfombra de verdor, pero con el paso del tiempo estamos cada día destruyendo más y más nuestro legado natural, la tala de árboles, las invasiones, la caza discriminada, la poca inversión de los gobiernos en su verdadera protección están llegando a tener estos resultados.

Desde el 14 de este mes Este lugar del que estoy hablando está en el centro de la atención de todo el país, la pregunta sé que muchos la tienen en sus cabezas rondando, se trata  de que ha sido incendiado, así como leen, no sabemos quién pero ha sido incendiado y hoy a cuatro días siguen las llamas ardiendo, según lo que he leído en los medios de comunicación bomberos desde la capital han ido para apoyar en apagar el incendio, no tengo tantos datos de como se ha hecho el incendio, como ha empezado, o exactamente quien lo hizo; lo que si se y tengo bien en claro es que la gente con su turbia desesperación de la sequía que está viviendo la zona, y según “Existen mitos Ignorantes”  que hay que quemar para que el humo llame las lluvias, no sé hasta dónde quiere llegar el hombre, ahora las zonas cajamarquinas, están ardiendo en llamas, no solo ese lugar, si no toda la provincia, muchos nos hacemos preguntas tontas y desgraciadamente queremos respuestas “¿Qué hacen las autoridades?” , sería muy ignorante al echar la culpa a ellos nada más , cuando aquí somos culpables tu y yo, todos nosotros que poco nos interesamos en nuestro planeta tierra que está en peligro, que toda la humanidad nos estamos autodestruyendo, que tú y yo somos culpables; dirás que estoy enloqueciendo pero mi respuesta es que sí, me estoy volviendo loco al pensar en algo real.

Sé que ni tú, ni yo hemos plantado un árbol, pero si somos autores de mucha destrucción de los árboles y de la naturaleza misma, sé que tú y yo hacemos tendencia  al a farándula y no hacemos nada en concientizar a la juventud para cuidar nuestro planeta, sé que tú y yo cuando hablamos con los campesinos nunca hablamos de nuestro planeta, nunca concientizamos nada sobre los actos que no deben hacer, sé que en las rondas campesinas ahora están siendo utilizados para la política y no para cuidar el medio ambiente, para criar conciencia en nuestro pobres campesinos que con su ignorancia llegan a cometer cosas como estas, tú y yo en este momento somos testigos de la destrucción de nuestro planeta y nos sentimos indefensos en hacer algo cuando si unidos todos hacemos algo, siquiera lo mínimo, y al menos daremos el principio para que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos aprendan, pensemos en ellos.

Foto: Ronal Mejia Alcantara
Es cierto que para este trabajo se necesita de todos, de los medios de comunicación en general que en vez de estar difundiendo chatarra como programas de Esto es Guerra o Combate, y si les preguntas que responden UN PROGRAMA DE CONCIENTIZACION No VENDE, todos piensan en dinero pero hay algo que está por sobre de esto y se llama “VIDA”, los políticos hablan cosas que me dan risa, que sería injusto al repetirlas, todos nos lamentamos cuando las cosas suceden cuando nunca hacemos nada.

Foto: Ronal Mejia Alcantara
Me hiere el alma, porque pienso en mis hijos, y en algún momento los hijos de mis hijos que tan solo dirán y nos echaran la culpa a nosotros, porque ellos no podrán salvar el mundo, aunque lo intenten será muy tarde.

No sé ni que decir, no tengo palabras, no sé si decir lo que al ver esto siento, no sé, la verdad no sé, pero me duele, más que dolor es indignante.
Que hubiera pensado Salomón Murga, al estar Vivo, igual que todos los cutervinos que amamos la naturaleza y mucho más por que es uno de legados, el primer legado natural protegido de nuestro país... Dios mío, esto no tiene perdón.
 Y tan solo me despido repitiendo las palabras de Cesar Vallejo: “Dios mío, y esta noche sorda, oscura, ya no podrás jugar, porque la Tierra es un dado roído y ya redondo a fuerza de rodar a la aventura, que no puede parar sino en un hueco, en el hueco de inmensa sepultura”